a donde mis pasos me llevan
y siempre me acercan a la playa...
Oigo el tronío del mar en la orilla
y siento en el rugido de las olas
que vienen y van
como una voz que me llama:
- ¡Mi niña...!
pero no puedo verte.
Giro en vueltas sin fin
hasta caer rendida
como antaño hacía
y al vencer mis rodillas al suelo
todavía puedo oírte:
- ¡Mi niña......!
y entonces
siento un vacío muy grande papá....
donde tu no estás.
Camino sin rumbo


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