El día que caminé sobre el agua (I parte)

Con mi abuelo siempre hubo una “conexión especial y mágica”. Era hombre de pocas palabras.
Cuando yo tenía cinco años vivió sus días más oscuros.
La abuela acababa de morir de una mezcla de tristeza y extraño mal en el que se sumergió cuando abandonamos la península;me han contadoque murió pronunciando entre delirios mi nombre.
El abuelo quedó terriblemente desolado; mi padre que lo quería como un hijo, viajó a Coruña a buscarlo y se lo llevó a la isla de Fuerteventura donde estábamos viviendo desde hacia un año.
Como estaba muy triste lo colocaron en mi habitación en vez de la de mi hermano Alberto, que a pesar de ser un año mayor que yo siempre estaba enfermo y era un llorica (aparte de un tocapelotas). Por el contrario yo era una niña muy alegre y cariñosa, estaba muy sana y saludable, dormía muy bien y no daba la lata de noche.
Tengo muchos recuerdos de él, lo extremadamente limpio y metódico que era... sus adorables manías... ; él nunca reñía, nunca discutía, cuando algo le contrariaba cogía la puerta y se iba......al final siempre volvía.
La isla estaba prácticamente sin asfaltar, todo polvo y tierra rojiza y él limpiaba todas las noches con betún negro sus impecables zapatos de suela, ¡diez minutos exactos!.....el ritual mágico de los zapatos, y además por reloj... tenía un despertador granate que hacía tic-tac muy ruidosamente. Lo ponía en las 12 para cronometrar sus diez minutos. Y luego lo volvía a poner en hora por el de su muñeca. Todos los días daba cuerda a sus relojes.
Crema, cepillo, gamuza. No se porqué.... pero me encantaba verlo hacer eso.
Aún hoy en día, cuando me quiero “cargar” de cosas positivas..... cierro los ojos y recuerdo el olor de la mesilla de madera donde guardaba sus zapatos y las cremas....
Cuando volvía del baño con su vasito... y la dentadura limpia dentro. Su pijama “rosa cerdito” tipo “casa de la pradera” de esos largos como un buzo que se cerraban por detrás.
Olía a campo a mar.... a viento.... el abuelo olía de una extraña forma que no me desagradaba, yo creía que era el olor de la libertad.
Por las noches lloraba un montón... y roncaba muchas veces. Yo no le decía nada a mamá porque siempre le regañaba. Ella lo debía de notar por los ojos de él, que se le ponían malitos e hinchados de tanto llorar.
A veces yo le decía que lo quería mucho, pero él se enfadaba y lloraba aún más .... así que dejé de hacerlo. Pero como me despertaba muy pronto, por la mañana tempranito iba corriendo a la cama del abuelo y me metía dentro y lo abrazaba, lo estrujaba para que despertase.
Mi madre por aquel entonces era como la madrastra mala de Blancanieves y reñía a todo el mundo, ¡también nos reñía por eso! ....... luego me volvía para la mía para que ella no se enterase.
Como él siempre estaba triste y mi madre de “mala leche” el pobre hombre andaba todo el día “de paseo” con su camisa de lino, sus gafas de sol y su sombrero. ¡Era un auténtico Dandy!, por supuesto con los zapatos más brillantes y relucientes del mundo. (También me limpiaba los míos, algunas niñas del cole me preguntaban muchas veces si eran “de estreno”. )
Paseaba la isla de cabo a rabo, me iba a buscar al colegio muchas veces. Eso me encantaba... Había algo curioso.... los padres de muchas niñas parecían mayores que él. Como tenía pocas arrugas y era guapo algunas pensaban que era mi padre. Un día en una fiesta del cole fueron los padres de muchas de las niñas....¡los míos eran los más jóvenes y guapos!.
De cualquier forma a las otras niñas no las venía a buscar nadie.... y a mi ¡si!..... en aquella época que los abuelos te prestasen atención era un auténtico lujo. No era como ahora que muchos comparten “la crianza” de sus nietos.



anakenobi dijo
Mi abuela olía a gloria, je je, no tenía mal olor ni sudor, mi madre dice que soy como ellas, yo no lo sé, si que puede que seamos especiales para los olores, y que por eso por poquisimo que olamos, intentamos eliminar ese olor que nadie más huele.
Mi abuela olía a paz a algodón y lo recuerdo cada vez que pienso en ella, creo que eran unos polvos de talco que utilizaba ella.
A veces noto ese olor por mi casa, o cuando pasó por enfrente de la suya, me digo que es imposible, en casa y en la calle no hay talco, pero sé que está cuidando de nosotros.
Besos
24 Julio 2007 | 05:19